Ciberseguridad: ¿se puede reemplazar la contraseña?

Cultura tecnológica

Las contraseñas: un pilar histórico de la seguridad, ¿pero hasta cuándo?

PRIM'X - Cybersécurité : peut-on remplacer le mot de passe ?

El uso de la contraseña se ha generalizado con el auge de Internet, convirtiéndose en una norma para la autenticación de los usuarios. Sin embargo, a medida que las ciberamenazas han evolucionado, la contraseña ha mostrado sus límites. Inicialmente sencillas, las exigencias en materia de complejidad han aumentado y, a pesar de mejoras como la integración de protocolos de seguridad más robustos, la contraseña sigue siendo vulnerable a ataques sofisticados.

Las vulnerabilidades inherentes a las contraseñas frente a las amenazas actuales

La contraseña tiene la ventaja de ser relativamente fácil de implementar. No requiere ningún dispositivo ni tecnología específica, reduciendo así los costes de infraestructura. Además, su compatibilidad con una gran variedad de sistemas la convierte en una solución fácil de desplegar a escala de una organización. No obstante, esta simplicidad se traduce en vulnerabilidades notables. 

Los ataques de diccionario (prueban un repertorio de contraseñas comunes o conocidas) o de fuerza bruta (prueban todas las combinaciones posibles) son técnicas comunes. Estos ataques se ven facilitados por el uso de potentes capacidades de cálculo y herramientas automatizadas. Los ataques de phishing juegan, por su parte, con la psicología humana, incitando a los usuarios a revelar sus credenciales a través de sitios web fraudulentos o correos electrónicos maliciosos. 

Por último, las filtraciones masivas de bases de datos de autenticación se han vuelto algo habituales en los últimos años. Cuando los ciberdelincuentes acceden a estas bases de datos, que a menudo contienen miles de millones de pares de credenciales, esta información se vende en la dark web o se utiliza para ataques dirigidos, tales como el credential stuffing.

Este tipo de ciberataque consiste en utilizar las credenciales obtenidas tras una violación de datos en un servicio para intentar establecer conexiones con otro servicio que no tiene relación con el primero. De hecho, algunos usuarios tienden a reutilizar las mismas contraseñas en varios sitios o aplicaciones. Una filtración procedente de una sola plataforma puede, por tanto, tener consecuencias en un gran número de otras cuentas.

MFA, Zero Trust, gestores de contraseñas, PAM…:  las limitaciones de las soluciones actuales 

La autenticación multifactor (MFA) se considera a menudo un complemento indispensable a las contraseñas. Al añadir uno o varios factores de autenticación, se refuerza la seguridad global de los accesos. 

Sin embargo, incluso la MFA puede resultar vulnerable. Algunas técnicas de ataque, como el phishing, apuntan específicamente al «segundo factor de autenticación» propio de la MFA, logrando así eludir las medidas de protección. Además, la implementación de la MFA puede generar fricciones para los usuarios, ralentizando los procesos de autenticación. 

Además, la arquitectura Zero Trust, que adopta el principio «Nunca confiar, siempre verificar», ofrece un enfoque más holístico de la seguridad, controlando cada acceso y cada interacción dentro de una red. No obstante, este enfoque requiere una infraestructura compleja y costosa de implementar. Las organizaciones deben encontrar un equilibrio entre la solidez de estas soluciones y su impacto en la experiencia del usuario, procurando minimizar los puntos ciegos que dejan estos enfoques.

Por último, los gestores de contraseñas (Password Managers) y las soluciones de acceso privilegiado (PAM – Gestión de Accesos Privilegiados, por sus siglas en inglés) se utilizan cada vez más. Estas herramientas centralizan la gestión de credenciales y, al mismo tiempo, refuerzan la seguridad mediante funciones como la generación automática de contraseñas complejas o el control de acceso a cuentas sensibles. Sin embargo, estas soluciones no están exentas de riesgos: la vulneración de un gestor centralizado puede tener consecuencias desastrosas al permitir a los atacantes acceder a la totalidad de las credenciales de una organización.

Las alternativas emergentes para reemplazar la contraseña

Las tecnologías sin contraseña ofrecen una solución prometedora para evitar las vulnerabilidades inherentes a las contraseñas tradicionales. Se basan, en particular, en el estándar WebAuthn (Web Authentication) promovido por el World Wide Web Consortium (W3C), y en la especificación de seguridad FIDO2 impulsada por la Alianza FIDO (por «Fast Identity Online»). El principio es basarse en una autenticación de dos factores que utiliza claves de seguridad (claves FIDO2) y tokens (tokens de autenticación).

Su adopción a gran escala sigue siendo, sin embargo, un desafío, en particular en las organizaciones que cuentan con sistemas heredados (legacy) basados en métodos de autenticación más tradicionales. Los costes de migración, la compatibilidad y la adaptación de los usuarios son factores que hay que tener en cuenta para que el despliegue sea un éxito. Sin embargo, estas tecnologías representan un gran avance hacia un mundo más seguro y menos dependiente de las contraseñas.

La biometría y la autenticación conductual son otras dos tecnologías emergentes que amplían los límites de la autenticación tradicional. Los sistemas biométricos, basados en huellas dactilares, reconocimiento facial o de voz, ofrecen una alternativa robusta a las contraseñas, haciendo prácticamente imposible el robo de identidad mediante métodos convencionales. Sin embargo, estos sistemas no están exentos de riesgos: las vulnerabilidades en los algoritmos o la suplantación biométrica siguen siendo amenazas.

La autenticación conductual analiza los hábitos del usuario, tales como la velocidad de tecleo o el movimiento del cursor, para detectar cualquier anomalía. Aunque es prometedora, esta tecnología suscita preocupaciones en materia de privacidad y protección de datos personales.

La biometría y la autenticación conductual son dos enfoques que, si se implementan correctamente, pueden ofrecer niveles de seguridad sin precedentes, a la vez que minimizan el esfuerzo exigido a los usuarios.

¿Hacia un modelo híbrido?

Las alternativas a las contraseñas son numerosas, pero su adopción completa suele requerir compatibilidad con los sistemas existentes. Un modelo híbrido, que combine contraseñas, biometría, MFA y autenticación conductual, podría representar el futuro de la ciberseguridad. Un enfoque así permitiría integrar progresivamente las tecnologías emergentes, al mismo tiempo que minimizaría los costes de migración y garantizaría la compatibilidad con los sistemas heredados. 

Sin embargo, esta estrategia híbrida debe tener en cuenta las restricciones normativas, como el reglamento RGPD para la protección de los datos personales, así como los costes derivados de la implementación y el mantenimiento de soluciones complejas. Además, la experiencia del usuario debe seguir siendo fluida para no generar frustración ni barreras a la adopción. En este contexto, las empresas deberán optar por soluciones modulares, adaptadas a las necesidades específicas de cada sistema de información. 

Aunque las contraseñas han sido durante mucho tiempo la norma en el ámbito de la ciberseguridad, hoy en día muestran sus límites frente a la rápida evolución de las ciberamenazas. Las vulnerabilidades inherentes a su uso ponen de manifiesto la necesidad de soluciones más robustas. Las tecnologías emergentes abren el camino hacia un futuro más seguro, pero plantean desafíos de implementación, especialmente en términos de compatibilidad y de aceptación por parte de los usuarios. Aunque un mundo totalmente sin contraseña aún está lejos, un enfoque híbrido parece ser una solución pragmática a corto plazo.